Feliz, feliz, no cumpleaños

Feliz no cumpleaños Moccha

Diciembre es un mes especial para todos, huele a Navidad, las fiestas abundan, el dinerito llega y pues también las vacaciones.

En mi caso, arrancaba con el cumple de mi gordita y hoy, que ya no está aquí, quiero recordarla con algunos de los momentos que  gozamos al lado de ella, siempre será una perrita querida y recordada por quienes tuvimos la oportunidad de compartir mucho del cariño y lealtad que nos ofreció.

No te olvidamos gorda.

Estas son las cosas y momentos que más extrañamos de ti:

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Dicen que la distancia es el olvido…

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Imágen: Pexels

La distancia aflora lo mejor y lo peor de una relación. ¿Es cierto que amor de lejos es de pen… sarse?

Hace años tuve una relación que confirmó el dicho: “Santo que no es visto, no es adorado”. Durante casi dos años, mantuvimos una relación a distancia, que acabó siendo una farsa. En un principio la soledad y separación era lo que más pesaba, las llamadas frecuentes alimentaban los restos de lo que aún quedaba y las visitas confirmaban que algo agonizaba.

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Ocho años de un reencuentro que no fue coincidencia

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⎯ Cuéntame de nuevo la historia de nuestro reencuentro. ⎯ Así le decía a mi esposo, con la emoción con la que un niño espera su cuento, antes de irse a dormir.

Un 20 de noviembre del año 2009, salí de Marca con rumbo al centro porque había sido invitada a una reunión de ex compañeros de la secundaria, cuando me llegó la invitación por correo, no ubicaba al Ricardo que me le había hecho llegar, hasta que le pregunté a Valeria, otra amiga en común, quién me animó a asistir con la promesa de que nos veríamos ahí. Aún recuerdo su frase de profeta: “Tienes que ir, que tal si te encuentras al amor de tu vida”, quién diría que tendría razón.

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Un año y te extraño como ayer

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Hoy es un día gris y triste. Un día como hoy pero del 2016, decidiste partir. Algunas veces te veo y busco entre tus sitios favoritos para roncar y ahí estás echadita, ronque y ronque, tirándote tus gases. Otras veces, cuando me recuesto en el sillón, extraño como te acercabas y me dabas besitos  o simplemente descansabas tu carita y me mirabas con una ternura que me derretía.

Fuiste como mi hija y mi mejor amiga, no necesitaba contarte lo que me pasaba, tú lo sentías y tu sola presencia me reconfortaba. Ahora que no estás, con nadie más me siento así, tú me brindabas un alivio inexplicable. Como dice la canción de Kabah: “Como te explico que te necesito, no importan las palabras sabes lo que siento por ti”.

Quisiera cambiar muchas cosas de ese día, para aún tenerte conmigo, pero en el fondo sé que tal vez no cambiaría nada y que si tenías que irte, así pasaría…

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Sentí que ya no la contaba

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José Luis González (Reuters)

Hace una semana, viví una de las peores experiencias de mi vida. Todo marchaba con normalidad, por la mañana había despertado con enojo y rabia por una discusión que había tenido la noche anterior con mi esposo, todavía traía rencor acumulado, él lo sabía porque se lo transmití al despedirme por la mañana con un beso frío y un seco te amo.

Luego, ya en el trabajo,  después de haber arreglado un poco las cosas por teléfono y quedarnos de ver para comer, platicaba con una de mis mejores amigas en el chat, cuando sentí una sacudida tremenda en mi silla. Mi primer reacción, fue voltear a ver a mi compañero y decirle, “Gera, está temblando”, tomé mi celular y me dirigí al punto donde en escasas horas, habíamos tenido un simulacro. Creo que fui de las primeras en llegar a la pared de los elevadores. “¡Amor, no mames! Está temblando horrible”, fue el mensaje de auxilio que enviaba.  De repente, el movimiento comenzó a ser más intenso, volteaba a ver al techo y a mis compañeros, mientras le pedía a Dios permitirme ver, una vez más a mi esposo y mi madre. Hubo un momento de resignación general para todos, estando en el piso 18 sabíamos que no bajaríamos y lo único que nos quedaba era resistir. Compañeras lloraban, otras rezaban, hombres se aferraban al piso y pared para no caerse. Yo tenía miedo, pero más arrepentimiento porque no quería irme así, enemistada, sin una despedida linda. El tiempo se me hizo eterno, cuando una puerta al fondo se abrió y las sillas del interior parecían venirse contra nosotros, creí que era el fin.

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