Bulldog Lover

All you need is love and a bulldog

¿Cuándo me convertí en una amante de los bulldogs?

El culpable fue mi esposito. Siempre quise tener un perro, uno pequeño, que pudiera traer en mi bolso y en el coche del “tingo al tango”, pero mi historia fue otra. Creo que Rickys ya conocía la raza, sabía de lo costosos que eran y lo adorable que lucían. En una ocasión fuimos a Liverpool (cuando todavía vendían mascotas), estaban exhibidos en vitrinas ,se veían tan hermosos, apapachables y extremadamente caros para ser un perro. Recuerdo que en esa ocasión, vimos a una cachorrita súper bonita que dejó prendado a Rickys, se llamaba Coco. Era linda blanca con manchas atigradas, la ternura andando. Mientras él casi sacaba la tarjeta de crédito, yo lo persuadía pidiéndole diéramos una vuelta y tiempo para pensarlo, mientras en mi cabeza repasaba la locura que implicaba comprar un perro de $40,000 pesos que no teníamos y que probablemente mal gastaríamos, se me hacía la idea más descabellada.

Más tarde volvimos, y una familia sostenía a la perrita, nos la habían ganado. ¡Ni modo! No era para nosotros (dijimos), mientras veía la tristeza y decepción de mi marido, me convencía de que esto era sólo el principio.

¿Qué paso después? Volvimos a la misma tienda tiempo después y ahí estaba mi gorda, en una vitrina que ya le quedaba chica, no lucía tan tierna como Coco, todo lo contrario; era grande, gorda y con rasgos toscos para tener cuatro meses, estaba bien ‘desarrolladita’. Cuando la vi, confieso que no me encantó, pero al ver la emoción de Rickys porque nos la enseñarán, cedí. Me arrepiento de no haber grabado esa escena, salió corriendo torpemente, sus patitas resbalaban, la lengua de fuera, jadeaba emocionada y no sé cómo de la nada se dirigió a nosotros, así, ¡sin más! Ni siquiera la llamamos, fue como si ella nos hubiera elegido y desde ese instante me enamoré. Su nombre era Cancia, como la mula de Pedro Infante, cuando decidimos llevarla a casa, creo que no teníamos ni idea, a lo que le tirábamos.

Era una perrita tan cariñosa, con una fealdad hermosa, tierna y con todos los males del mundo. De repente, le atacó una enfermedad rarísima que ni comprendíamos, no cumplíamos ni un mes y ya estábamos viviendo la experiencia completa de tener un bulldog. Especialistas, medicamentos, alimento, juguetes, entrenador, gastos, gastos y más gastos. Verla sufrir con esas llaguitas en su piel, no estaba padre y resultó que su enfermedad era genética. La tienda estaba dispuesta a hacer válida la garantía, podíamos devolverla por una nueva cachorra. Por obvias razones, no la devolvimos, ya estábamos encariñados y no era su culpa la irresponsabilidad de sus criadores. Recibimos un descuento por Moccha y una nueva cachorrita, que bautizamos como Lolita.

Desde el primer día, supimos que no sería nada fácil lidiar con ella, mustia como ella sola,  con una carita de no rompo un plato conquistaba a todo el mundo, sin saber que era una “pinga”. Desobediente, territorial, resongona, no sé que hice en mi otra vida, pero con Lolita lo he ido pagando. No sabía cuánto la quería, hasta que estuve a punto de perderla, el plan era venderla, no teníamos intención de tener una más, pero cuando la vi en ese hospital, tan indefensa, triste y con esa carita de “sácame de aquí”, supe que era para mí. Todavía Rickys recuerda como lo amenacé: ⎯”Si  le llega a pasar algo por tu culpa, nunca te lo voy a perdonar”, probablemente lo habría cumplido, no soy una persona que sepa olvidar y perdonar tan fácilmente.

Gracias a mis bull, conocí una clase de amor que no sabía que existía, los bulldogs son maravillosos en todos los aspectos, aún con sus múltiples defectos. Ronquidos, gases, enfermedades de la piel, displasia de cadera, pelos pegados en ropa y muebles, enormes y apestosas popos, ¡todo lo valen! Solo ellos pueden conquistarte con una mirada, hacerte reír con la más estúpida torpeza y gracia, babearte sin producirte asco alguno, apoyarte con solo darte la patita, resongarte y enojarse al grado que les termines pidiendo disculpas, nunca se separarán de ti, se entregan por completo.

Cuando llegó Moccha a nuestra vida con su calor, simpatía y amor, tocó el corazón de mucha gente y gracias a ella también descubrí muchas cosas sobre mí que reprimía y escondía. Si al igual que yo, tu bulldog te ha robado el corazón, comparte conmigo tus anécdotas, vivencias e imágenes de lo orgulloso que es ser un bulldog lover.

 

 

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