Sentí que ya no la contaba

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José Luis González (Reuters)

Hace una semana, viví una de las peores experiencias de mi vida. Todo marchaba con normalidad, por la mañana había despertado con enojo y rabia por una discusión que había tenido la noche anterior con mi esposo, todavía traía rencor acumulado, él lo sabía porque se lo transmití al despedirme por la mañana con un beso frío y un seco te amo.

Luego, ya en el trabajo,  después de haber arreglado un poco las cosas por teléfono y quedarnos de ver para comer, platicaba con una de mis mejores amigas en el chat, cuando sentí una sacudida tremenda en mi silla. Mi primer reacción, fue voltear a ver a mi compañero y decirle, “Gera, está temblando”, tomé mi celular y me dirigí al punto donde en escasas horas, habíamos tenido un simulacro. Creo que fui de las primeras en llegar a la pared de los elevadores. “¡Amor, no mames! Está temblando horrible”, fue el mensaje de auxilio que enviaba.  De repente, el movimiento comenzó a ser más intenso, volteaba a ver al techo y a mis compañeros, mientras le pedía a Dios permitirme ver, una vez más a mi esposo y mi madre. Hubo un momento de resignación general para todos, estando en el piso 18 sabíamos que no bajaríamos y lo único que nos quedaba era resistir. Compañeras lloraban, otras rezaban, hombres se aferraban al piso y pared para no caerse. Yo tenía miedo, pero más arrepentimiento porque no quería irme así, enemistada, sin una despedida linda. El tiempo se me hizo eterno, cuando una puerta al fondo se abrió y las sillas del interior parecían venirse contra nosotros, creí que era el fin.

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No soy tuya, ni eres mío

Confianza, ¿dónde estás que no te siento?

Dicen que la confianza es el pilar básico en una relación, coincido con ello. No existe nada que te brinde más seguridad en tu pareja que saberte amado (a) entonces, ¿por qué es tan cuestionable el exceso de confianza? Si tu pareja te dice: ⎯ “Te hice esto o aquello porque me tenías muy seguro (a)”, ¿es válido o es la justificación más cobarde? Confiar, implica entregarse por completo, abrir a todo lo que da tu corazón y dejar que entren sin reparos, saber que la otra persona siempre estará ahí para ti,  incondicionalmente. Confiar es conceder el resguardo de tus más íntimos secretos y otorgarlos,

“confiar es no necesitar saber todo de alguien, sino no necesitar saberlo” y eso lleva implícito un gran compromiso.

Cuando amas no controlas.  Los celos e inseguridades no necesariamente surgen de la maldad, pero sí del temor de perder a quien más amamos. ⎯”Si me cela es porque me quiere”, de los razonamientos más absurdos que he escuchado. Los celos no se relacionan con el cariño, sino con el temor o riesgo a la pérdida. En este punto es dónde permitimos que entre la inseguridad y el control en la relación. En un principio pueden ser exigencias moderadas y tal vez hasta insignificantes, como el peinado, la ropa,  compartirle quién te marcó al teléfono, pero si le entras al juego, ¡ya te chingaste! El querer ‘desafanarte’ o negarte al control, puedo ser interpretado como una confirmación al temor. ⎯¡Ah seguro algo esconde!

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Los apegos que pegan

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En mi trabajo, se menciona mucho la importancia de contar historias. En el marketing emocional, se busca tocar esas fibras  y sentimientos que llegan a conmovernos, con las historias intentamos “emocionar y tocar el corazón de las personas”; para lograrlo debemos mostrarnos vulnerables con nuestro público y audiencia, sólo así podremos conectar con éstas, mencionaba en una ocasión uno de los expertos en el tema.

A nadie nos gusta vernos vulnerables, de hecho estamos en la constante lucha de aparentar o impedir que nos vean tal como somos, dejamos ver y sentir solo una mínima parte del universo que nos conforma, principalmente por el temor a ser lastimados o juzgados. Yo soy una de esas personas, sin embargo me he propuesto cambiar, transparentarme, quiero contar mis historias, compartirlas sin pena ni miedo, creo que muchos al igual que yo, en momentos nos sentimos confundidos, solitarios, incomprendidos; tendemos a aislarnos y limitarnos en compartir y expresar nuestras angustias y decepciones. En este espacio, busco “crear emociones y reflexiones ,” con mis experiencias y más profundos pensamientos.

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¿Dónde está el amor del que tanto hablan?

Imagen: Pexels

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A veces, damos por sentado que nuestra pareja sabe que la amamos por el sólo hecho de estar a su lado, que están implícitos los motivos y que él o ella los conocen de sobra. Nos hundimos en la rutina y la costumbre, los besos se acotan en saludos y despedidas, las conversaciones se resumen en una narración de lo que hiciste en el día y las horas que sobran se desperdician en el ‘Candy Crush’, ordenador y viendo esa película de catálogo que ya no te resulta entretenida.

¿Es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor?, como dice la canción.

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Cuando las redes sociales nos separan

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Atrás quedaron los días en que sabíamos realmente “compartir”. No recuerdo un día antes del Hi5 donde me entrará la ‘cosquillita’ de mostrar mis fotos pederas,  presumir a mi novio en turno y publicar sobre mi mood o tragedia del día. No necesitaba la aprobación de nadie para sentir felicidad o alegría por lo que estaba o no haciendo, en dónde y con quién.

No negaré que las redes sociales son mi pasión al igual que el Marketing, pero he de reconocer que nunca supe separar el trabajo de mi vida personal y esa delgada línea que rayaba en la adicción termino por también ser una causa que detonó muchos problemas con mi pareja. El no trabajar y después trabajar desde casa hizo que mi Mac fuera como una extensión de mí, podía despertarme con la lap y acostarme con el celular en la mano. Pasé a documentar mis desayunos, comidas y cenas en imágenes, ‘check in’ innecesarios que no me daban ni una mísera promo. Subirme al mame de los selfies sacando mi lado narcisista y el presumir mi “perfecta” vida en pareja que era tan imperfecta como la de todos ustedes.

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